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miércoles, agosto 07, 2013

Y de repente una cosita

Andaba sólo por esa calle angosta, estrecha y lúgubre, pero no mala, porque la angostidad, la estrechez y lugubridad nunca fueron mis enemigos, siempre elegí amigos feos antes que amigos no verdaderos, amigos que se quieren a si mismos antes que personas que necesitan la querencia ajena como el oxígeno que respiramos. Andaba sólo, decía, por esa calle y no porque no tuviera compañía, porque Dios y Goku (que son la misma persona) saben que siempre ha podido haber luz, sol o bombilla que me acompañase, pero yo quería la luz de la luna. Es imposible decían, estás loco aseveraban, pero yo seguía mi camino, no buscando la luz de la luna, sino andando y pensando en ella, en la luz. Un día di con ella y con ella comencé a hablar, la luna siempre he dicho que es muy buena compañera, fiel consejera, que sonríe cuando lo necesitas y se oculta cuando no la necesitas a ella. Hablaba, relfexionaba y hasta preguntaba a la luna quién muchas veces me respondía y otras se callaba porque quería que yo averiguara la respuesta y así creciera en este mundo de pocos crecimientos espirituales y más afanosos. - He pasado lo mío, le comenté una vez, pero no por dar pena sino como justificación de actos, hechos o palabras que a veces han podido ofender o incluso herir y yo, tan alegre cantaba. - Pero no te puedes justificar, respondía ella que me cargaba sobre mis brazos el a veces dificil peso de la responsabilidad y el valor, el coraje, la valentía y, sin darme cuenta la hombría. Son bastantes los pasos que he dado, y es sinuoso el camino que he recorrido, lo que me hace sentirme orgulloso de, desde la serenidad poder escribir estas líneas. Y de repente llegaste para abrir la puerta de ese camino que vuelve a tomar una curva sinuosa, una curva que hace que me coma ciertos principios y porque no, ciertos finales, una curva donde la excepción de la regla se convierte en lo cotidiano y lo cotidiano en la excepción de la regla. Pensaba que la luna iluminaba hasta que vi tu sonrisa y pensé que la luna me poníaen mi sitio hasta que vi tu mirada, pero lo que es peor, pensaba que la luna me quería, hasta que..... bueno hasta hoy. ¿Quién te dió permiso para entrar? ¿Quién fabricó esa mirada, a la vez dulce y a la cautivadora? ¿Quién orquestó esa voz para que no dejara de mirarte? tenía que haber hecho como Ulises y taparme los oídos en aquella travesía odiosa, odisea y odiseada, pero tu fuiste más rápida, tu me hablaste, tu cantaste y, además, cantaste carnaval. Demasiadas armas para un escudo recien construido o quién sabe si aun por terminar de reconstruir, entraste con esa potencia que sólo tienen las grandes tormentas (de verano) para revolverlo todo, cuestionarlo todo, jugar con mis paradigmas y para mostrarme lo verdadero, lo que nunca falla, lo que siempre queda, lo que predomina, lo que agarra, lo que duele, lo que se siente, lo que se chilla, lo que se anda, lo que se escribe, lo que se siente, se sueña, se ama, se piensa, se comenta, se vive, se hace, se dibuja y todos desean... Y mis vergüenzas se volvieron inútiles, y mis delirios cotidianos y mis penas, alegrías. Aun intento digerir el gran banquete, cuando estoy seguro de que pronto llegará otro, así que nada, a disfrutar de este nuevo camino, donde desde lo normal y la cotidianeidad se alcanza lo especial, lo extraordinario y lo SU BLI ME, a escuchar eso de quiero un pedazo de tu vida entera, o aquello de te comería con pan y mantequilla, o con pan sólo, o sin pan, pero te comería. No sé que tiempo tendré tu sonrisa, porque creo sinceramente que tanta suerte no me pertecene, pero si sé que mientras la tenga, la llevaré tatuada mas allá de la piel y si decides que se quede por mucho tiempo seré yo el que te tatúe una vida llena de sonrisas... Cuídate, sal y entra, ríe, disfruta, estudia, duerme, come y sobre todo sé tu misma, que cuanto más te quieras, más te querré yo, haz lo que no he visto hacer nunca a una mujer que es quererse a sí misma y despreocúpate del resto, que del resto me encargo yo. Buenas noches cosita

lunes, agosto 05, 2013

JUM!

Como es el Cartojal a tu feria, como es el sol a tu tierra y como es mi luna a tu luna, ese vértice, esa bisectriz que no es infinita pero poco le falta porque llega hasta la blancura de su superficie para salir despedida tan rapido como puede a una tierra, a una calle, a una curva... a una casa. Y no es infinito no porque no lo sea sino porque se escapa del raciocinio normal de "lo normal" que dirías tu en mi boca o de los miles de millones de te comos que, como eufemismo de una obra de arte mayor creada por el viento, la respiración y los suspiros que salen de lo más dentro de ti, sudas a través de unos poros minúsculos, tambien infinitos y de los que tuve la suerte de conocer en persona, centímetro a centímetro, palmo a palmo, mirada a mirada... Y el sábado subimos y estuvimos aun más cerca de la luna, achicando la bisectriz lo máximo que pudimos, ahí comprendí en lo infinito de todo, de tu bisectriz, del viento y de la cámara que tras 30 años de peleas quiso mirarme con buen ojo, redescubrir el ojo del extrabarrio de mi pupila que, miraba firmemente a un objetivo sabiendo fielmente que acabaría llegando al marrón del círculo de entrada de aquel cono visual que hizo que un día dijeras: éste puede ser para mi. Pero como bien sabes, yo no soy de nadie, como tu tampoco serás propiedad nunca de nadie, yo soy del viento, de la luna y de la tierra, mi problema fue cuando el viento la luna y la tierra se unieron para una conspiración que tras 23 ciclos heliocentrípetos, llegó por casualidad a un vaso de agua de una calurosa tarde de domingo. Pocos pueden presumir de haberme quitado la ropa y tu me quitaste la piel, pocos pueden presumir de hacerme temblar y tu lo has conseguido, pocos pueden presumir de sacarme una sonrisa como la que tu me sacas con una cotidianeidad tan espasmosa que me tirar y reconstruir paradigmas a una velocidad tal que ni el fuego lo huele, ni el hielo lo siente. No sé qué haces, cómo lo haces ni por qué lo haces, pero no dejes de hacerlo...

miércoles, julio 17, 2013

Conversaciones con la Luna lunera

Ay Luna lunera, de nuevo solos tu y yo y de nuevo en estas confesiones tan íntimas como los ojos de los demás nos permitan. Qué te voy a contar yo de fidelidad, si llevas miles de años sin faltar a tu cita nocturna aún sabiendo que el día es más despierto, luminoso y claro, o al menos eso te han contado. Qué te voy a contar de la constancia, si cada año apareces y no marcas nuestro calendario, nuestras mareas y nuestra vida, al menos las de los que creemos que tenemos algo de humanista en nuestra sangre. Qué te voy a contar yo de pureza, si tus cráteres son tapados ante la inmensa blancura que proyectas y haces llegar a nuestros jardines, estanques y a nuestros propios ojos, retinas, mentes y hasta a nuestra piel. Te escribo todo esto porque estoy ciertamente cansado de la falta de coherencia, coherencia que, a fuego me han marcado, me ha puesto a prueba y, no sin antes pasar un calvario, he superado. Mi coherencia me hace más honesto, mi inteligencia más selectivo y mis palabras me hacen a la vez más fuerte y más debil, porque unir palabras honestas te hace estar sólo, mientras que hacer palabras inteligentes te hace caer mal, no obstante las reglas de la coherencia no me permiten otra cosa y gracias al propio don de la palabra, de más d euna y de dos me he librado. Pero no todo el mundo es así y uno de mis mayores defectos, sino el mayor, es esa inusitada capacidad de observar los detalles, hilarlos y sacar esas conclusiones que por mucho que me fastidien, acaban dándome la razón. Y es por eso que quiero hacer un microanálisis de cuanto oigo, veo y escucho. Atrás quedó tal vez una de mis archiconocidas teorías de la incoherencia acerca de las coca colas y las pajitas, hoy quiero explicar sentimientos y, por favor, que nadie se dé por aludido. Empezemos por los frecuentes "yo sé lo que quiero" quienes confunden paradójicamente inseguridad con la mayor de las seguridades, quién realmente sabe lo que quiere no, lo dice, porque le faltan piernas para ir a por ello o, en todo caso lo explica pero no usa esa frase a caballo entre la justificación, la automuralla para esconderse y protegerse de los demás y la confirmación de algo que nadie nunca le pidió que le confirmara. No puedo con la indecisión a grande escala (es decir, no me importa si no te decides por el sabor del helado) tengo la sensación que esa indecisión no es más que una lucha interna entre lo que quiero, lo que quieren que quiera, lo que quiero querer y lo que debería querer fruto de una mala construcción en época temprana de nuestra infancia de ciertos valores o estructuras básicas que, a la postre, sustentarán el resto de nuestra vida. Si detesto la indecisión, aún más la incoherencia, el decir que no miente pero decir "dí que no estoy", confundir estilo con dinero, sonrisas con felicidad, tiempo con espacio, espacio con tiempo, amistad con amor, cultura con aburrimiento, diversión con modernidad, juventud o pago... La incoherencia es como tener un espejo constante delante de nosotros, sólo que pensamos que el reflejo que vemos somos nosotros y no un reflejo y lo peor de todo, no vemos el marco del espejo. El mar está lleno de tiburones, pero también está lleno de tortugas con pesados caparazones que te piden ayuda no para que las lleves a ningun lado, sino para que ralentices tu camino o te quedes con ellas, con las tortugas. Y así el hombre se convierte en un desgraciado o la mujer en una sumisa, así el hombre termina por hacer lo que cree que está bien y lo que cree que es bueno, mientras que la mujer, fruto del maldito machismo imperante y que va transmitido en el ADN de esas estructuras de personalidad y valores que comentaba en la infancia, tiene todos los ingredientes para sentirse sometida por el peor de los malvados, que no es otro que el hombre que no se quiere a si mismo y que, por tanto no sólo no la querrá a ella tampoco, sino que necesitará humillarla y hacerla sentir aún más pequeña para sentirse falsamente feliz a tiempo parcial. De la nada se alcanza el todo, un truculento todo que se construye a base de esa falta de estructuras, de incoherencias que se materializan en indecisiones, de mentiras, de violencia y de mucha falta de cariño. Como te comentaba Luna lunera, no puedo evitar fijarme en estas cosas y sentir un poco de desazón ante lo que me rodea, pero entiéndeme lunita, es imposible bañarme en una piscina sin mojarme y es imposible andar sin pisar el suelo, aunque haya gente que crea que lo hace o ponga dispositivos artificiales para hacerlo. Así pues hoy Soledad dormirá en el sofá y me iré a la cama con Desazón, ya que hacía mucho que no la acompañaba entre tanto stress, viajes y carnavales. Sigamos andando por el camino de losas amarillas pero no mirando las losas sino el maravilloso paisaje que a nuestro paso nos abraza, nos deleita y nos regala instantáneas inolvidables e infinitas en nuestra retina, nuestra mente y a veces, muy pocas veces, nuestro corazón. Hasta mañana Luna lunera.

jueves, julio 11, 2013

Lo normal

Esta semana pensé en secuestrarte en mi casa... luego miraba tus fotos al irme a dormir... y aunque no tengo siquiera fotos de tí, deja que te explique qué es lo normal, cual es mi normalidad, deja que me abra un poquito desde esta falta de estabilidad social pero estabilidad personal que bebo, disfruto, reflexiono y sobre todo digiero. Lo normal es mirarte a los ojos, a esos ojos que sonríen además de mirar, a esos ojos que son los aunténticos patrones del alma, los que dirigen, mandan, ordenan y sobre todo asienten tantas veces al minuto como respiraciones tiene mi alma, mis pulmones y mis sentimientos. Lo normal es querer cogerte una mano que apuesto que será suave y delicada, no como la mía que sabes que es áspera, fruto de esos trabajos de los que tanto me he quejado, tanto se han aprovechado y tanto me han explotado y no porque haya estado picando piedra, sino porque bien sabes que un minuto de mi vida no tiene precio y de la tuya... no lo quiero ni imaginar. Lo normal es, desde la altura que pueden dar 29 primaveras, soltar la escopeta, dejar el coto al que nunca quise apuntarme y encontrar en ti una oportunidad que muchas quisieron darme pero que no quise o no quisieron aceptar. He visto tanto en tan poco, he visto grandes caidas, grandes acontecimientos, grandes celebraciones, grandes tratos y grandes personas... Lo que veo y lo que aprendo no sirve más que para asegurar un tiro, para ver mas allá, volverme más reflexivo y, si algún día te elijo, saber que no te elijo desde la necesidad, sino desde la libertad que me regaló mi gran amiga Soledad. Me como los kilómetros si hace falta, me como la provincia y me como mis cojones si hace falta, pero no me pidas que me coma la dignidad que una vez la probé y la indigestión me duró casi un año. No soy nada especial, soy una persona normal que busca en la normalidad lo especial porque sabe que lo especial es ser normal y que lo normal es sentirse especial, porque la normalidad es comprender, empatizar, sonreir, andar, estar (o no) de acuerdo, correr, dormir, soñar, mirar el cielo azul y perder la vista observando golondrinas, hacer el tonto, estar todo el día en el coche cantando, enseñar a los ángeles a comerse petit suisses de plátano, leer, jugar, llorar, querer, abrazar, trabajar, estudiar, opositar y seguro que algún día aprobar y ser ese maestro que esta sociedad presa de sus miedos, sus complejos y los malditos hijos de puta que nos gobiernan, necesita. Mientras cambio el mundo, acompáñame a cambiar el mío primero, a crear esa base desde la que disparar ideas, opciones B y música, mucha música, percusión, cuerdas y carnaval, mucho carnaval. Eso es lo normal, esa es mi normalidad, no me pidas cerveza ni tabaco que no quiero morir aún más joven, no me des redbules ni actimeles que no quiero ser ni mas fuerte ni inmortal, solo dame cultura y un papel y un lápiz que es sólo así como seré fuerte en inmortal, no me pidas que vaya a 140 porque no me quiero matar (lo normal) no me pidas que chille, que te trate mal como a mí me trataron (lo normal) porque sé lo que es temblar de miedo con los huesos contra la pared, porque sé lo que es la angustia, pero también sé lo que es el amor ¿tu no? pues ojalá algún día este camino de losas amarillas nos acerque y te lo pueda mostrar y si no te lo muestro yo que te lo muestre alguien porque merece y mucho la pena. Eso es lo normal, que no lo frecuente, si compartes mi normalidad o peor aún si me ves especial por hacer una alegoría a tanta normalidad, quizás también seas especial, o quizás seamos dos mediocres... sea como fuere lo importante no sería el reino al que pertenezcamos, lo importante sería que pertenecemos al mismo reino. Quiero saber que te pasa y que, por fin, te enamores de mí.

miércoles, mayo 08, 2013

Sangrando...

Mira que me gusta escribir sobre temas alegres e inspiradores, sobre energías positivas y todas esas parafernalias creadas a partir de una sociedad mas bifidusiada, pharmatonada y actimelizada. Y es que hoy volvemos a sangrar por culpa de la tolerancia que, en algunos casos es prima hermana de la estupidez, porque al fin y al cabo tanto el estúpido como el tolerante captan del exterior y son conscientes de las opiniones ajenas, aunque cada uno proceda de manera distinta. Tengo cada vez más demostrado que un "NO" está cada vez peor visto por una sociedad que se queja de los productos que ella misma crea, de consentidos sociales, de huérfanos ambientales, de amistades sintéticas, valores borrosos, estrategias baratas, conversaciones usureras y opiniones nefastas, apolíticas y "atodo". Recuerdo esa marvillosa película de acción futurista y de los noventa en las que Silverter Stallone decía improperios y saltaban multas o en las que nunca supimos como usar esas célebres tres conchas. Esa película la veía tan lejana y cuiriosamente la tenemos aquí al lado, aquí cerca. Hoy se confunden terminos, como se confunden valores, criterios, razones y sentimientos. Y como cromos te cambio la nobleza por la "hiperpocresía" o no me des el cromo de la angosta moral que ese lo tengo repetido muchas veces... te cambio la personalidad por la prepotencia, aunque ni sepa qué es lo primero porque no lo he visto nunca, ni lo segundo porque lo tienes tan interiorizado que es imposible verse el ombligo por dentro, salvo cuando es demasiado tarde. Es buena esta blogoterapia porque sólo tú sabes a qué me refiero con estos términos y porque desde la cobardía del pseudoanonimato y las palabras en clave cual espía del KGB siento esa valentía con red que me permite decir sin decir jugar sin jugármela y ganar sin ganármela. Hoy considero un día ciertamente injusto, porque los que enseñan a no chillar, han chillado, los que enseñan a respetar no han respetado y los adalides de la defensa equitativa en la justicia universal infinita del marquesado de villaquisiera con ducado rubio en cajetín de metal sollado por las esquinas y con óxido procedente del mal encerado, han sido tan injustos como previsiblemente injustos, porque no hay mayor ciego que el que no le han salido los ojos aún e intenta observar con las cuencas oculares, pero sobre todo porque, tras consejos vacíos, propuestas más idealistas que devolver el río por la alameda, contradicciones como trabajo rutinario, se nos olvida que sólo somos unos vendedores de lechugas.

viernes, abril 05, 2013

Una metáfora azul

El azul siempre fue mi color favorito y tal vez hasta ayer no descubrí el por qué. Azul es el principio y el final, es la inmensidad, la nostalgia, el principio de la asfixia, el enemigo de los semáforos y el himno oficial de los ríos, mares y océanos. Es el que más trabajo nos da, porque siempre en un dibujo a mano alzada nos planteamos si colorear todo el cielo de azul con ese pobre lápiz, pero tambien el más agradecido, porque hace que dos ojos azules lo eclipsen todo... El marino aporta elegancia, el claro juventud, entre su infinito espectro relucen tantas tonalidades como segundos tiene un atardecer de primavera sobre aquel horizonte que no podemos olvidar porque sencillamente, lo hemos creado nosotros. Mi azul no es tu azul, es solamente azul, y a través de él, ves y a través de él, te veo y a través de él, nos ven, y a través de él, nos vemos. Hoy sólo pensaba en azul porque con azul me acosté y con azul me levanté y azul pensé todo el día de hoy. La cadena me persigue pero por momentos, consigo ser más rapido que ella y eso no sé si es bueno o malo, solo sé que es, que no es poco, porque saber qué es es mejor que no saber qué es y estar dentro de su ser encadenado, inconsciente y con unas paredes transparentes que, cada vez que te chocas contra ellas te hacen creer que es culpa tuya o lo estás soñando. Hay que saber elegir a quien lavar un cerebro, porque no todo el mundo lo tiene, o no lo tiene donde debería tenerlo, que no es lo mismo pero que es igual a esos efectos oportunos de la ambigüedad infinita que recorre el vacío de mi cráneo. Me quedan pocos días para volver a la ciudad que aún no se mide por parados sino por sonrisas, a la ciudad que pare otra ciudad de lonas rayadas cada año para condensar lo mejor y lo peor de sí misma en un intento de chauvinismo extrovertido, que parece contradictorio y que por supuesto lo es, como esta mi Sevilla de rosarios y borracheras, de metropoles y catedrales, de ateneos con sus consecuencias, de fríos y calores, de pequeños y blancos consulados de nuestra ciudad que por abril están en cada rama de un naranjo. Cuando vuelo a Sevilla, el avión tarda 10 minutos menos que cuando vuelve a Valencia, porque cierra sus ojos y viene directo por la ruta del adobo, de la cerveza bien fría, de la perenne sonrisa, del sol de media tarde y de sus noches infinitas en las que ni queremos ni podemos dormir con esos 25 grados que nos empujan a la calle para que sigamos siendo nosotros mismos. La semana que viene vuelvo por fin y aunque sé que hace mucho que no se ve el azul, estoy seguro que voy a ayudar a sacarlo de nuevo en el cielo, porque el azul que me gusta es el de Sevilla y por que sé de una fuente inagotable de azul de donde sacaré el lápiz para volver a colorear el cielo como cuando niños. El azul está ahi, en tu carácter, en tu mirada, en tus ojos...

Luna lunera

Quién me iba a decir a mi, luna lunera, que ibas a estar tan cerca. Quién me iba a decir que la luna no sólo da luz blanca sino que da una luz azul, una luz que hasta respeta a las sombras, porque es magistrada en empatía, simpatía y un infinito repertorio de virtudes que hacen describirte, luna lunera. Yo que te he hablado en tantos y tantos artículos, yo que buscaba en mis artículos anteriores la comprensión de tu luz, yo que he buscado en tí la inspiración, la vida, la muerte, las lagrimas, las sonrisas y todo aquello que se escapa del corto raciocinio del mundo y del largo raciocinio de los locos. Te busqué y esperé pacientemente a que la luna llena llegara, sin tener calendario, ni saber si volvería a llegar, pero una noche volvió a salir la luna e iluminó tanto que se volvió a hacer de día. Tanto poder de atracción tenía la luna, que los relojes se adelantaron una hora para que el mundo al despertarse pudiera despedirse de nuevo de la luna, y poder saludarla cada nueva noche. En esa infinita emisión mitad fotón y mitad ondulación, irradia valor añadido, despierta por la noche, no deja ni dormir, acaricia el alma, sonríe, siempre sonríe... ¡y eso que es la luna! La luna pinta de plata los mares como bien lo saben los gaditanos, iluminan al injusto impidiéndole actuar con alevosía al arropo de la noche, acompaña a los enamorados, adorna perfectamente la inmensidad infinita de purpurina, conduce la noche, invita al día y da los buenos días a la tarde, una y otra vez por siempre y para siempre. Un marinero en tierra se ahoga enseguida, pero una noche sin luna no respira y yo tengo demostrado que sin luna no me inspiro de la misma manera que cuando sólo me la imaginaba, como puede leerse en mis artículos anteriores, ni ahora que se me ha caido encima, quizas de tanto buscarla, quizás de tanto desearla, quizás de idealizarla. Pero que me quiten lo "bailao", porque hoy me acuesto mirándote desde la ventana con los ojos cerrados, porque tú mejor que nadie sabe que para ver bien a la luna hay que cerrar los ojos, y no porque la luna no sea bella, que lo es, sino porque su cara oculta es todavía más maravillosa, y de eso estoy convencido. Buenos días Luna, buenas noches, mundo. Voy a buscarte entre la inmensidad oscura gracias a tu camino de estrellas.

martes, marzo 19, 2013

¡Ah de estos muros de piedra!

Existen dos tipo de personas, los que le gusta hablar de sí mismo y los que le gusta escuchar a otros que hablan de sí mismos, los primeros aprenden por fallo-error directo, los segundos, aprenden el error en el prójimo y cuando se disponen a realizar lo aprendido, van la seguridad del ignorante, vuelven a tropezar y entonces aprenden. Hoy quiero volver a hablar de amor, de ese negocio inventado por nuestras necesidades, nuestros complejos y nuestros bajos instintos. Del mal amor, entiéndase, porque del amor puro no suelo hablar, este artículo no es de Arte Mayor. El mal amor es sacar de la mochila el hummus putrefacto, para en vez de airearlo, secarlo o desecharlo, regalárselo al pobre compañero que crees que has elegido y decirle: -toma, compartámoslo, porque el amor es compartir. Generalmente es uno de los conceptos más extendidos de amor y una de las metáforas que, paradiójicamente, más enamora. ¿Quién quiere más, el que deliberadamente o por incapacidad cede todas sus miserias o el que, precisamente porque quiere pretende lavar sus miserias para dar un amor lo más aséptico posible? Limpiar el trastero de uno mismo nunca fue egoísmo, el egoísmo fue ponerse las gafas de sólo verse uno mismo, donde gana la batalla el perjuicio ajeno al beneficio propio, pero querido lector que no te engañen, que es necesario mirar para dentro, como mínimo 2 minutos al día, todos los días de nuestra vida. Porque el amor comienza por el amor propio, aunque la legión del falso amor verdadero diga lo contrario, esa legión que defiende en esa entrega absoluta de ...¿qué?, esa entrega absoluta a un cobarde, un inconsciente, un maltratador o una bellísima persona que te lleve con su barquita al primer puerto que quiera, por interés, por desinterés o lo que es peor, por incosnciencia. Si malo es ser esclavo de tu subsconsciente, peor es ser esclavo del subsconciente de tu compañero. Nadie enseña a amar y mucho menos a amarse y lo que es más rastrero, malévolo y siniestro, desde la sutileza de la maquinaria del poder, nos enseñan que quererse a uno mismo es malo, porque lo asocian a la falta total de humildad y buscan a esos modelos sesgados donde el éxito no fue nunca fruto de su humildad, sino de su talento, un talento que la falsa humildad apaga y el trabajo a conciencia enciende y aviva junto con una cabeza más amueblada de la cuenta. La humildad la dota la concetración, la humildad no es sentarse a esperar lo que nos dan, la humildad no se viste de gris roto en esa oscura celda agradeciendo una tímida luz que entra por su enrejada, angosta y sucia ventana. La humildad no es estática, la humildad es ambiciosa, tiene caracter y personalidad. La humildad nunca morirá de hambre, como de hambre nunca murió el trabajo, ni de éxito, pero la humildad se quiere mucho más de lo que los falsos humildes se quieren a si mismos. Si las parejas no se vieran como una necesidad, sino como una opción, si las personas no vieran la pareja como un apoyo apuntalador sino como un espacio de intercambio metal y sobre todo, si nos hubieran enseñado a querernos como merecemos, habría menos pero mejores parejas, tendríamos gobiernos más transparentes, una sociedad mas compleja y a la vez más sencilla y no tendríamos que mirar constantemente a Alemania: por cierto Ángel, se te echa de menos. El camino continúa y se esta haciendo peligrosamente vertiginoso y rápido, nunca pedí que esta vida corriera tanto, porque soy muy lento en saborear esa esquina en el parque o ese paseo en la ciudad por conocer, en la ciudad eterna o en la ciudad de la luz.