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viernes, abril 05, 2013

Una metáfora azul

El azul siempre fue mi color favorito y tal vez hasta ayer no descubrí el por qué. Azul es el principio y el final, es la inmensidad, la nostalgia, el principio de la asfixia, el enemigo de los semáforos y el himno oficial de los ríos, mares y océanos. Es el que más trabajo nos da, porque siempre en un dibujo a mano alzada nos planteamos si colorear todo el cielo de azul con ese pobre lápiz, pero tambien el más agradecido, porque hace que dos ojos azules lo eclipsen todo... El marino aporta elegancia, el claro juventud, entre su infinito espectro relucen tantas tonalidades como segundos tiene un atardecer de primavera sobre aquel horizonte que no podemos olvidar porque sencillamente, lo hemos creado nosotros. Mi azul no es tu azul, es solamente azul, y a través de él, ves y a través de él, te veo y a través de él, nos ven, y a través de él, nos vemos. Hoy sólo pensaba en azul porque con azul me acosté y con azul me levanté y azul pensé todo el día de hoy. La cadena me persigue pero por momentos, consigo ser más rapido que ella y eso no sé si es bueno o malo, solo sé que es, que no es poco, porque saber qué es es mejor que no saber qué es y estar dentro de su ser encadenado, inconsciente y con unas paredes transparentes que, cada vez que te chocas contra ellas te hacen creer que es culpa tuya o lo estás soñando. Hay que saber elegir a quien lavar un cerebro, porque no todo el mundo lo tiene, o no lo tiene donde debería tenerlo, que no es lo mismo pero que es igual a esos efectos oportunos de la ambigüedad infinita que recorre el vacío de mi cráneo. Me quedan pocos días para volver a la ciudad que aún no se mide por parados sino por sonrisas, a la ciudad que pare otra ciudad de lonas rayadas cada año para condensar lo mejor y lo peor de sí misma en un intento de chauvinismo extrovertido, que parece contradictorio y que por supuesto lo es, como esta mi Sevilla de rosarios y borracheras, de metropoles y catedrales, de ateneos con sus consecuencias, de fríos y calores, de pequeños y blancos consulados de nuestra ciudad que por abril están en cada rama de un naranjo. Cuando vuelo a Sevilla, el avión tarda 10 minutos menos que cuando vuelve a Valencia, porque cierra sus ojos y viene directo por la ruta del adobo, de la cerveza bien fría, de la perenne sonrisa, del sol de media tarde y de sus noches infinitas en las que ni queremos ni podemos dormir con esos 25 grados que nos empujan a la calle para que sigamos siendo nosotros mismos. La semana que viene vuelvo por fin y aunque sé que hace mucho que no se ve el azul, estoy seguro que voy a ayudar a sacarlo de nuevo en el cielo, porque el azul que me gusta es el de Sevilla y por que sé de una fuente inagotable de azul de donde sacaré el lápiz para volver a colorear el cielo como cuando niños. El azul está ahi, en tu carácter, en tu mirada, en tus ojos...

Luna lunera

Quién me iba a decir a mi, luna lunera, que ibas a estar tan cerca. Quién me iba a decir que la luna no sólo da luz blanca sino que da una luz azul, una luz que hasta respeta a las sombras, porque es magistrada en empatía, simpatía y un infinito repertorio de virtudes que hacen describirte, luna lunera. Yo que te he hablado en tantos y tantos artículos, yo que buscaba en mis artículos anteriores la comprensión de tu luz, yo que he buscado en tí la inspiración, la vida, la muerte, las lagrimas, las sonrisas y todo aquello que se escapa del corto raciocinio del mundo y del largo raciocinio de los locos. Te busqué y esperé pacientemente a que la luna llena llegara, sin tener calendario, ni saber si volvería a llegar, pero una noche volvió a salir la luna e iluminó tanto que se volvió a hacer de día. Tanto poder de atracción tenía la luna, que los relojes se adelantaron una hora para que el mundo al despertarse pudiera despedirse de nuevo de la luna, y poder saludarla cada nueva noche. En esa infinita emisión mitad fotón y mitad ondulación, irradia valor añadido, despierta por la noche, no deja ni dormir, acaricia el alma, sonríe, siempre sonríe... ¡y eso que es la luna! La luna pinta de plata los mares como bien lo saben los gaditanos, iluminan al injusto impidiéndole actuar con alevosía al arropo de la noche, acompaña a los enamorados, adorna perfectamente la inmensidad infinita de purpurina, conduce la noche, invita al día y da los buenos días a la tarde, una y otra vez por siempre y para siempre. Un marinero en tierra se ahoga enseguida, pero una noche sin luna no respira y yo tengo demostrado que sin luna no me inspiro de la misma manera que cuando sólo me la imaginaba, como puede leerse en mis artículos anteriores, ni ahora que se me ha caido encima, quizas de tanto buscarla, quizás de tanto desearla, quizás de idealizarla. Pero que me quiten lo "bailao", porque hoy me acuesto mirándote desde la ventana con los ojos cerrados, porque tú mejor que nadie sabe que para ver bien a la luna hay que cerrar los ojos, y no porque la luna no sea bella, que lo es, sino porque su cara oculta es todavía más maravillosa, y de eso estoy convencido. Buenos días Luna, buenas noches, mundo. Voy a buscarte entre la inmensidad oscura gracias a tu camino de estrellas.

martes, marzo 19, 2013

¡Ah de estos muros de piedra!

Existen dos tipo de personas, los que le gusta hablar de sí mismo y los que le gusta escuchar a otros que hablan de sí mismos, los primeros aprenden por fallo-error directo, los segundos, aprenden el error en el prójimo y cuando se disponen a realizar lo aprendido, van la seguridad del ignorante, vuelven a tropezar y entonces aprenden. Hoy quiero volver a hablar de amor, de ese negocio inventado por nuestras necesidades, nuestros complejos y nuestros bajos instintos. Del mal amor, entiéndase, porque del amor puro no suelo hablar, este artículo no es de Arte Mayor. El mal amor es sacar de la mochila el hummus putrefacto, para en vez de airearlo, secarlo o desecharlo, regalárselo al pobre compañero que crees que has elegido y decirle: -toma, compartámoslo, porque el amor es compartir. Generalmente es uno de los conceptos más extendidos de amor y una de las metáforas que, paradiójicamente, más enamora. ¿Quién quiere más, el que deliberadamente o por incapacidad cede todas sus miserias o el que, precisamente porque quiere pretende lavar sus miserias para dar un amor lo más aséptico posible? Limpiar el trastero de uno mismo nunca fue egoísmo, el egoísmo fue ponerse las gafas de sólo verse uno mismo, donde gana la batalla el perjuicio ajeno al beneficio propio, pero querido lector que no te engañen, que es necesario mirar para dentro, como mínimo 2 minutos al día, todos los días de nuestra vida. Porque el amor comienza por el amor propio, aunque la legión del falso amor verdadero diga lo contrario, esa legión que defiende en esa entrega absoluta de ...¿qué?, esa entrega absoluta a un cobarde, un inconsciente, un maltratador o una bellísima persona que te lleve con su barquita al primer puerto que quiera, por interés, por desinterés o lo que es peor, por incosnciencia. Si malo es ser esclavo de tu subsconsciente, peor es ser esclavo del subsconciente de tu compañero. Nadie enseña a amar y mucho menos a amarse y lo que es más rastrero, malévolo y siniestro, desde la sutileza de la maquinaria del poder, nos enseñan que quererse a uno mismo es malo, porque lo asocian a la falta total de humildad y buscan a esos modelos sesgados donde el éxito no fue nunca fruto de su humildad, sino de su talento, un talento que la falsa humildad apaga y el trabajo a conciencia enciende y aviva junto con una cabeza más amueblada de la cuenta. La humildad la dota la concetración, la humildad no es sentarse a esperar lo que nos dan, la humildad no se viste de gris roto en esa oscura celda agradeciendo una tímida luz que entra por su enrejada, angosta y sucia ventana. La humildad no es estática, la humildad es ambiciosa, tiene caracter y personalidad. La humildad nunca morirá de hambre, como de hambre nunca murió el trabajo, ni de éxito, pero la humildad se quiere mucho más de lo que los falsos humildes se quieren a si mismos. Si las parejas no se vieran como una necesidad, sino como una opción, si las personas no vieran la pareja como un apoyo apuntalador sino como un espacio de intercambio metal y sobre todo, si nos hubieran enseñado a querernos como merecemos, habría menos pero mejores parejas, tendríamos gobiernos más transparentes, una sociedad mas compleja y a la vez más sencilla y no tendríamos que mirar constantemente a Alemania: por cierto Ángel, se te echa de menos. El camino continúa y se esta haciendo peligrosamente vertiginoso y rápido, nunca pedí que esta vida corriera tanto, porque soy muy lento en saborear esa esquina en el parque o ese paseo en la ciudad por conocer, en la ciudad eterna o en la ciudad de la luz.

viernes, marzo 15, 2013

El andaluz

De nuevo la culpable tiene 6 cuerdas y trastes, tantos trastes como combinaciones tiene la música que sale de nuestra mente hacia nuestras manos para acabar en tu mente entrando por tu mente. El andaluz no nace donde le da la gana, porque ser andaluz es una suerte y un privilegio al alcance de muy pocos, aunque si privilegio es ser andaluz, privilegio supremo es ser un buen andaluz. El buen andaluz no tiene sexto sentido para saber estar en los lugares, sitios conversaciones y mundos, el buen andaluz ya va por el noveno sentido, porque el buen andaluz tiene grabada a fuego la empatía, la solidaridad, el cariño y la sonrisa, el más grande de los medicamentos, y el único elemento que es capaz de hacer que el sol gire alrededor de él. El buen andaluz inventó y gestiona la sonrisa como nadie. Sólo él sabe usarla a su antojo, sólo él la domina y sólo él hace de la sonrisa su capa, su escudo y su arma, mientras el resto del universo la menosprecia, porque para eso la infinita ignorancia les infectó, enfermedad de la que hace más de tres mil años se vacunó el andaluz en una charca de la Caleta. El buen andaluz es capaz de vivir cada segundo como si fuera el último, es más trabajador que un alemán, más práctico que un sueco, más pasional que un brasileño, más inteligente que un japonés pero es menos que los americanos, menos ignorante me refiero, claro. Y todo ello con esa luz que sale de entre dos labios inmensos por lo que guardan y muy ricos por el valor inmaterial de lo que atesoran. El buen andaluz es de los pocos que maduran pero no envejecen, siempre tiene un buen consejo, una rima, un buen refrán... sabe cuando viene la lluvia, sabe hacer un canuto con la o y la o con un canuto, domina su medio y su entero, esucha atentamente, comprende, valora, rectifica y como siempre, sonríe. Quien no conoce a un buen andaluz hay una parte de esta vida que se pierde y es una pena porque en esta vida o se está triste o se es andaluz. Si de algo me siento orgulloso es de haber visto tantos y tantos días como el sol pasea por su casa y por sus tierras, mientras lo releva la luna para contemplar la mar y como sorprendida, llama al sol para que vuelva a ver lo que la luna está viendo, completando un ciclo que no es ciclo de la vida sino de la admiración y del bienestar. El buen andaluz inventó la hospitalidad, parió la fertilidad, descubrió la auténtica riqueza y todo ello con la eterna sonrisa. Eres el fruto de más de tres mil años de pueblos comerciantes, guerreros, pueblos escritores, pueblos filósofos y científicos, eres hermano del arte, hijo de la suerte y padre del futuro. Así que ya sabes, sal a la calle con tu sonrisa y demuéstrales cómo se vive como se ama y como se siente la vida, esta vida que sólo tu sabes administrar, esta vida que creamos por y para nosotros.

martes, marzo 05, 2013

La magia del carnaval o el carnaval de la magia

Mientras a Juan Carlos le inspira la magia para su comparsa, a mí es su comparsa la que em inspira para la magia. Porque creía que eras tu quien podría acariciar algún día mi alma, pero de nuevo vuelven a ser los infinitos bordoneos de la mujer eterna sostenida por esas cuerdas que vibran al mismo tono que vibra mi ser, mi vida y mi muerte. El bordoneo penetra casi sin darte cuenta y provoca esa revolución silenciosa, que es la peor de las revoluciones, con la que sueño algún día protagonizar y que es fija en mis sueños y pesadillas. Mientras escribo, escucho, mientras escucho, escribo y mientras sueño y escribo me siento libre y desconecto de este mundo moralmente matricial, socialmente desaliñado y espiritualmente roído y huesojamonado. Mírame con esos ojos pero no digas nada, tan sólo mírame, quiero verte, quiero recordarte y quiero acabar contigo de una vez por todas, porque hoy de nuevo luchaban mi yo mi ideal del yo y tu, que aunque nadie te invitó, entraste sin llamar, quizás porque eres una descarada o quizás porque nunca puse una puerta, pero eso no importa, lo que importa es que entraste y querías luchar contra nosotros, porque sólo por entrar, ya estás en contra. Lo que si tengo claro es que no pienso salir por la ventana esta vez y ni siquiera saldré por la puerta por la que entraste, porque me prometí no salir por más puertas y menos por las puertas traseras. Me encomendé a mi ego y recé a mi voluntad, llevo un rosario de introspección que me acompaña, me dota, me abalancha, me nutre y me hace sentirme más orgulloso sobre todo cuando te miro a ti, con la asimetría por bandera, tanto física como moral. Y pensé que todo estaba hecho, pero quien lo tenía casi todo hecho eras tú, y digo casi todo porque cometiste uno de esos pecados que no son mortales porque no cuestan la vida aunque tu lo llamaras asi. La tolerancia y la falta de autoestima comparten la misma indumentaria, salen por las mismas calles y a veces comparten amistades, pero una vive en frente de la otra, porque la primera está casada con la construcción completa, o al menos medio completa, del individuo desde su perspectiva infinitamente interior, mientras que la segunda, si está casada, lo está con la pesadilla, que aunque ella lo llama sueño o ilusión, el tiempo le demostrará lo que realmente es, aunque nunca lo vea. Estas obligaciones socialemente impuestas cada vez me recuerdan más al Mar Muerto, en primer lugar por muertas y en segundo porque desde la inconsciencia floto sobre ella, cosa que me sorprendía cuando las cosas me sorprendían. Y no es que las cosas ya no me sorprendan, sino que una vez en una taberna cambié la sorpresa por la cautela y la curiosidad y creo que salí ganando, aunque claro, no me sorprende. Yo quiero llegar a ver el mundo en el que el dinero no exista, porque ese mundo llegará y llegará paradójicamente como contraposición de comunismo aunque sea comunismo propio; cuando querramos ser tan eficiente que querramos ahorrar espiraciones por hora, los 12 con 25 segundos para almorzar o el extremismo en la eficiencia. Esa eficiencia donde el gasto de hacer un billete sea tan superfluo que ya ni siquiera se hagan y nuestra sociedad tan democrática, como veces ha de recordárselo a diario, tenga la estructura estamental tan rígida, que no haga falta ni el dinero para conocer los estatus personales. Recuerda, la pobreza está entre tus cejas y tu cogote, en tu cartera solo hay plástico y papel(quien lo tenga). El Amor, es la mentira mayor que jamás se haya contado, es un dolor clavado, un ataque al corazón... así continúa una de las mejores cuartetas para mi de este 2013 y que irremediablemente me recuerda a tí, desde la distancia tan corta como unos pocos cientos de kilómetros, pero la distancia infinita de llegar a comprender el por qué. Nunca las catársis fueron a la vez terapia, recuerdo, declaración, opinión, alivio, sentimiento, amor, odio y sueño. Bueno, si lo fueron, las mías.

miércoles, febrero 27, 2013

Lunares...

Sólo tu haces que pase de escribir 1 artículo en dos meses a escribir dos artículos en un día, sólo tu consigues ese hueco para que mis dedos conjuguen este texto donde escribo, divago, pienso, siento, declaro y escupo. De nuevo la noche me acompaña, y, aunque me abandona al amanecer, siempre me da un beso y me dice: descansa y despéjate en el trabajo que por la noche volveremos a vernos. y aquí de nuevo ando, ensimismado con el brillo de aquellos lunares de oro que brillan en tu cielo, porque de nuevo vuelvo a estar en el onceavo, atrás, muy atrás quedó la época de cuando no sabía de tu existencia porque ahora la veo la huelo y la presiento aunque sea de día, porque ahora te entiendo. Cuando pienso en un pozo sin fondo no hago mas que mirarme dentro, y cuando pienso en un fondo sin pozo te miro a ti, a la cuerda locura que desprendes desde esos rayos rebotados a millones de años luz. Es bonito decir que se es feliz, pero más bonito es saber que la felicidad es una excusa, una autoprotección, o un escudo para esconder nuestras pocilgas más rastreras, por eso aprendí a sacar mis pocilgas, a decir que no soy feliz, a decir que tengo pocilgas porque, paradójicamente, esa limpieza y ese muestreo de las pocilgas del ser humano (valga la redundancia), son el duro, dificil y doloroso camino de la felicidad, y por eso quien realmente es feliz nunca lo reconoce, mientras que quien lo dice, sólo es más esclavo de sus condicionamientos, sus complejos y su personaje que le puede, que lo conduce y que lo hace vivir una vida que no es la suya en esta, nuestra corta vida. Con mi mano agarro la ira y la tiro al suelo, con mis ojos observo lo bueno de ti, lo conservo en mi pequeña bolsa de cuero, lo imito, lo recreo y lo reconstruyo. Con mi sonrisa abro caminos, destrozo prejuicios y creo liderazgo, pero con mi mente... con mi mente lo puedo todo. Con mi mente soy libre de todo excepto de mi mismo y de mi otro yo que me persigue y cuanto mas rápido corro más rápido me persigue. Con mi mente soy quien quiero ser, analizo lo que dices, lo digiero y lo incorporo, pero no hay ataduras, siempre voy desnudo, no llevo alajas, voy descalzo, no ando sino que floto y para colmo llego donde quiero y cuando quiero llegar. Es duro reconocer que uno se equivoca pero más duro es pensar que no se equivoca nunca uno, como duro es no tener amigos, pero más duro es tener gente alrededor y estar solo. Dicen que esta vida es dura, cuando lo realmente duro no es la vida sino nuestras estúpidas elecciones. Porque la estupidez es ese estado propio de la condición humana que al menos una vez en la vida nos visita y que en algunos casos viene para quedarse mientras que en otros, nace, crece , se reproduce y muere. Me voy a cenar que va siendo hora, no trateis de entender el blog en su totalidad, no lo entiendo ni yo... Os quiero.

martes, febrero 26, 2013

Divagando

Si hay algo que se me da bien es divagar, aquí, en la infinita soledad de mi mismo, desde este onceavo que está mas cerca de la luna, eterna compañera, que de los ruidos del asfalto, donde los silencios de la gente pretenden dejarme tan sordo que huyo lejos, tan lejos como puedo, tan lejos como dentro de mí. Y es que cada vez me entero mejor de cómo funciona este juego y cada vez quiero jugarlo menos, porque eres consciente de sus reglas y ves el decorado, ves el cartón piedra y descubres un día, casi por casualidad, que lo importante de la obra es la sutileza y la sensibilidad del mensaje que esconde dentro, sólo reservado a esos elegidos que saben desgranar, priorizar y entender. Pero los demás priorizan el decorado, y esta obra, con fecha de caducidad, cada vez habla mas rápido, más sentenciosa y mas pretenciosamente, cada vez cree saber más de si misma y cada vez se equivoca más y más. Cada vez vacío más la mochila, cada vez me quedo con menos y, curiosamente con cosas intangibles, cada vez me preocupo menos por un coche y más porque no me falte mi acorde de guitarra de cada día, cada día me preocupo menos del que dirán y cada vez me preocupo más del qué digo yo, cada vez me preocupo menos de tí y, doblemente irónico, me preocupo más por tí. Si hay algo que admiro, es la sensibilidad, es la complejidad que encierra lo aparentemente sencillo, es la pureza que escupe tu mirada en mi cara, una pureza que no sé, no quiero e incluso temo encarar. Y de tu pureza, que sólo tu tienes, y de tu sinceridad que sólo de tí quise aprender, se forja el camino que quiero recorrer día a día, porque sé que sólo así me alejaré de aquel pueblo, con tantos habitantes, de la demagogia. De pequeño quería ser mayor, y de mayor la gente quiere ser pequeña, pero yo ahora que ya soy mayor no quiero ser pequeño, porque nunca dejé de serlo, ni quiero ser feliz, porque nunca dejé de serlo, ni tampoco quiero un atardecer en la playa de la caleta o desde la azotea de mi casa, porque ya los he vivido y los vivo intensamente. Si algo pidiera ahora que soy mayor sería no tener que pedir nunca nada, ni a mi ni a nadie, porque después tendré que devolverlo, y los interesés de los demás no importan, pero mis propios intereses son caros, muy caros, carísimos, tan caros como cara vendo la tristeza, la pena y la irresponsabilidad. Las vendo tan caras que ya ni siquiera las pido a los proveedores porque nadie me la compra y, gracias a los clientes de los que me he rodeado, no tengo que almacenarla y ya no lo trabajo. Cuando dejas de trabajar la pena y la tristeza, tienes más espacio expositivo para la alegría, para la sensibilidad y para la empatía, y claro, vienen los clientes que tu siempre quisiste que vinieran, porque he ahí el descubrimiento: la amistad no es un fin ni una meta, sino una consecuencia de cultivar una semilla de sonrisas, regarla con constancia y dejarla al aire libre para que le dé el calor y el brillo del amor. Hace tiempo descubrí la interdependendencia, me enamoré de las cosas bien hechas, fuí infiel a mis principios... y a mis finales, lloré por mi bien, reí de mi mal, anduve desde la cama y sobre todo me vestí de vergüenza pero solo con prendas de verano, porque a mi los abrigos nunca me gustaron. Mis zapatos son el realismo, porque son los que me tienen en contacto con este mundo tan injusto como bello, tan bello como extenso, tan extenso como intenso, tan intenso como justo; mis pantalones son la noche, porque ocultan aquellas ciénagas de las que me costó salir y las mejores noches de mi vida y en la camiseta va el día, lleno de colores, de signos, de maravillas, de alegría, de recuerdos y de mucho mucho carnaval. Me voy a la cama, que creo que estoy comenzando a divagar, y cuando divago corro el riesgo de hacer eso que ya no hace casi nadie, corro el riesgo de pensar. Cuidaos y recordad lo mucho que os quiero.

martes, enero 01, 2013

Mujeres, amor y otros inventos...

Necesito poca luz en los ojos, a Martinez ares en los oidos, un regusto a chocolate en los labios, olor a incienso y un teclado sobre las manos, para este artículo. Hoy quiero hablaros de mujeres, hacía tiempo que quería tratar un artículo sobre ellas, las culpables y las inocentes, las buenas y malas, las que más daño me hicieron y con las que no me porté bien, las que me han hablado mal y las que he dejado de lado, las que fueron injustas conmigo y con las que yo lo fuí. Ha habido mujeres que han querido y no han podido, otras que han podido pero no han querido, otras que ni quisieron ni pudieron, y cuando encontré a quien pudo y quiso, se la llevó una muerte, que no la suya. Conozco mujeres que viviendo a mas de 200 kilómetros nunca les importó una relación, otras que a apenas 20 kilómetros no soportaban la distancia. Sé de mujeres felices con una carta de mi puño y letra y de otras infelices e insatisfechas con un anillo de oro. He visto siempre la misma aparente intención de escuchar pero en sus caras sentimientos muy diferentes, desde extrañeza hasta sutil asco, pasando por interés, amor, alegría y el más doloroso de los sentimientos que se puede hacer hacia un hombre enamorado: el de la amistad. Las hay notarias, pues fichan y dan fe de todos tus movimientos e incluso se atreven a prever, organizar y ordenar los momentos adecuados para cada asunto, sin saber que intentar cambiar a las personas es una osadía y que la libertad de cada uno consiste únicamente en dejar de mirar y no en dejar de hacer a las personas como son si no son para mejorarlas. He visto tanta mujer queriendo ralentizar la vida, el ritmo, el alma o la pasión de su compañero y he sentido mucha trsiteza al ver que las mujeres eficientes, las de verdad las de mil y una vida, se esfuerzan en optimizar a compañeros abnegados por actitud o aptitud... una de esas mujeres quise un día para mí, pero no la encontré sola, con afín o viva. En las tabernas de mi alma es mi paciencia quien paga todas las consumiciones, porque es la única con dinero suficiente y porque la soledad nunca lleva efectivo, la violencia nunca paga ni ha querido pagar y el rencor nunca está invitado a la mesa. Quiero agradecer a todas las mujeres (que no son muchas) que en estos 28 años han pasado por mi vida, por mis labios, por mi cama o por mi cabeza (en ese orden respectivamente descendiente). A las que pasaron por mi vida, no olvideis el camino, que en él podreis encontrarme cuando querais, a las que pasaron por mis labios, que te vaya bonito... A las que pasaron por mi cama, que siento no haber sido el último y a las que pasaron por mi cabeza, que casi me volveis loco, o cuerdo, que es aún peor. Salud